La fiebre tifoidea o tifus es una infección causada por la bacteria Salmonella typhi, que pertenece a la familia de la salmonella responsable de intoxicaciones alimentarias. Se trata de una enfermedad que se contagia con cierta facilidad. De hecho se puede adquirir al tomar bebidas o alimentos manipulados por una persona infectada, tenga la enfermedad o sólo sea portador, o, como sucede en países subdesarrollados o en vías de desarrollo, al beber agua no depurada o mal depurada o comer alimentos que han sido lavados o tratados con este agua. Por tanto, las condiciones de salubridad son determinantes a la hora de prevenir esta enfermedad; de ahí que siempre se recomiende la vacunación cuando se viaje a zonas en las que éstas no son las adecuadas: África, Asia y ciertas regiones de Latinoamérica.

Una vez en el intestino, la bacteria pasa al torrente sanguíneo y de ahí al resto del organismo. Hay personas que después de pasar la enfermedad pueden continuar siendo portadoras de la bacteria durante años, sin manifestar síntomas de la enfermedad, pero pudiendo transmitirla a otras si no se extreman las medidas higiénicas, ya que eliminan el microorganismo a través de las heces y la orina.

Síntomas de la fiebre tifoidea

Los síntomas del tifus pueden ser leves o graves, en función fundamentalmente del momento en que se inicie el tratamiento. Inicialmente, se manifiesta con fiebre, malestar general y dolores abdominales. En algunos casos pueden aparecer también pequeños puntos rojos en tórax y abdomen. Los síntomas suelen remitir a los 2-5 días, pero, sin tratamiento, se agravan con una fiebre muy alta (superior a los 39,5ºC) y una diarrea intensa que, a su vez, inducen la aparición de diversos síntomas:

  • Escalofríos.
  • Estado de confusión.
  • Delirios y alucinaciones.
  • Cambios de humor.
  • Presencia de sangre en heces.
  • Sangrado nasal.
  • Debilidad y sensación de fatiga.
  • Pérdida de apetito.
  • Deshidratación

Tratamiento de la fiebre tifoidea

El tratamiento de la fiebre tifoidea es siempre con antibióticos, ya que se trata de una infección bacteriana. Si éste se inicia en el momento de manifestar los primeros síntomas, éstos desaparecen en menos de una semana. De lo contrario, se agravan y se prolongan en el tiempo, incluso hasta más de un mes. Otro aspecto importante del tratamiento, cuando se presenta la diarrea, es la rehidratación y reposición de electrolitos, que en los casos más graves deberá realizarse por vía intravenosa.

La falta de tratamiento puede traer graves complicaciones, entre las que destacan las siguientes:

  • Hemorragia intestinal (sangrado gastrointestinal severo).
  • Perforación intestinal.
  • Insuficiencia renal.
  • Peritonitis.

La higiene del paciente es esencial para evitar la transmisión de la enfermedad a sus familiares. En este sentido es conveniente un profuso lavado de manos muchas veces al día y en especial cuando se va al baño. También hay que evitar compartir toallas y otros utensilios de uso diario.

Por último, hay que advertir que la fiebre tifoidea puede ser recurrente, ya que en algunos casos el paciente continúa siendo portador de la bacteria durante mucho tiempo y , por tanto, la infección se puede reactivar.

Prevención de la fiebre tifoidea

Es importante saber que existe una vacuna contra el tifus y que es obligatorio vacunarse cuando se viaja a ciertos países (los subdesarrollados) y recomendable en otros (los que se encuentran en vías de desarrollo).