El mieloma múltiple es un tipo específico de cáncer hematológico y afecta a las células plasmáticas, derivadas de los linfocitos B, y que se producen en la médula ósea para mejorar la respuesta del sistema inmunológico ante las infecciones.  Cuando estas células se copian a sí mismas y crecen desordenadamente, se malignizan y forman un tumor generalmente localizado en el interior del hueso al que se conoce con el nombre de plasmacitoma. La denominación de mieloma múltiple se otorga a la existencia de varios plasmacitomas.

Este tipo de cáncer tiene diferentes consecuencias para el organismo. El primero de ellos se puede advertir al realizar un hemograma, ya que se el recuento de glóbulos rojos es inferior al normal, pudiendo incluso llegar a causar anemia. También las cifras de plaquetas están por debajo de la normalidad (trombocitopenia), lo que favorece la aparición de cardenales o moratones en la piel y un mayor sangrado de las heridas. Finalmente, en algunos casos también se produce igualmente un déficit de glóbulos blancos o leucocitos (leucopenia).

mieloma múltiple

Por otra parte, las células plasmáticas anormales hacen que la capacidad de respuesta del sistema inmune ante la presencia de microorganismos no sea la adecuada, por lo que los pacientes con mieloma múltiple son más propensos a sufrir enfermedades infecciosas.
También el metabolismo ósea se ve afectado, de tal modo que se elimina el tejido óseo viejo sin que sea repuesto por otro nuevo, lo que incide directamente sobre una mayor fragilidad de los huesos y un amento significativo del riesgo de fracturas.

Además de todo ello, el mieloma múltiple puede dañar los riñones hasta el punto de poder causar una insuficiencia renal, y ocasionar otras patologías como la gammapatía monoclonal, la amiloidosis de cadenas ligeras, etc.

Tratamiento
Es muy frecuente que el diagnóstico de mieloma múltiple se produzca de forma casual en una revisión rutinaria, ya que inicialmente rara vez produce síntomas y esta enfermedad es de larga evolución (entre 5 y 15 años), presentando un curso característico de remisiones y recaídas. Es muy difícil de curar, pero el tratamiento adecuado puede facilitar el control de la enfermedad, a no ser que surjan complicaciones importantes.

El tratamiento a seguir depende de distintos factores, muchos de ellos relacionados con el grado de evolución de la enfermedad en el momento del diagnóstico: edad, afectación de huesos, riñones, etc., si se ha sufrido recientemente alguna fractura ósea, si hay anemia …

Muchos pacientes no necesitan tratamiento en la fase inicial, ya que conservan la funcionalidad del organismo y no presentan signos importantes de la enfermedad. Si embargo, cuando existe daño renal, ha riesgo de fractura, presenta anemia, los niveles de calcio en sangre son elevados o hay otras enfermedades asociadas. Debe iniciarse el tratamiento de forma inmediata.

Como en otros tipos de cáncer, la quimioterapia, la radioterapia y la cirugía son parte importante del tratamiento. Pero en la actualidad también se trata a estos pacientes con un trasplante autólogo de células madre para mejorar el grado de respuesta a la quimioterapia.