La difteria es una enfermedad infecciosa muy contagiosa causada por la bacteria Corynebacterium diphtheriae. En la actualidad es una enfermedad altamente infrecuente en los países desarrollados gracias a la vacunación universal. De hecho, los pocos casos que se producen suelen darse en personas o niños no vacunados y en personas que viven hacinadas y en condiciones higiénicas deficitarias. Es importante advertir que la protección de la vacuna dura sólo 10 años, por lo que es importante que los adultos reciban una dosis de refuerzo (tétanos-difteria) transcurrido este tiempo o siempre que haya podido estar en contacto con una persona afectada por la enfermedad.

Se transmite por el aire utilizando como vehículo las gotas de agua que se expelen al toser o estornudar, incluso si el portador de la bacteria se mantiene completamente asintomático. De hecho, en muchas ocasiones aquellos que resultan infectados no llegan a tener síntomas, pero en otras esta enfermedad puede llegar a causar la muerte del paciente. El problemas de la difteria es que tras producirse la infección por la bacteria ésta produce una serie de toxinas que se incorporan al torrente sanguíneo y pueden llegar al cerebro o el corazón, entre otros órganos, ocasionando graves daños en ellos y pudiendo causar incluso la muerte del paciente.

Síntomas de la difteria

En ocasiones las primeras manifestaciones de la difteria son cutáneas, de tal manera que la piel adquiere un tono azulado y pueden proudicirse ulceraciones. Sin embargo lo habitual es que la infección se inicie en las vías respiratorias altas (nariz y garganta). El síntoma más característico en este caso es la aparición en la garganta de una especie de membrana de color negro o gris oscuro, de consistencia dura y fibrosa, que puede llegar a ocasionar importantes problemas respiratorios. De ahí que los principales síntomas sean los siguientes:

  • Secreción nasal acuosa y en ocasiones con sangre.
  • Fiebre.
  • Escalofríos.
  • Tos perruna.
  • Dolor de garganta.
  • Dificultad para tragar.
  • Ronquera.
  • Dificultad para respirar.
  • Sibilancias.
  • Respiración acelerada.
  • Obstrucción de las vías respiratorias.

Tratamiento de la difteria

Las personas asintomáticas deben recibir un tratamiento antibiótico y mantenerse bajo seguimiento médico, evitando el contagio a otras personas. Pero en aquellas otras que desarrollan claramente la enfermedad, es necesario un tratamiento más agresivo.

La recuperación de la enfermedad es lenta, pero en cualquier caso es que el tratamiento se inicie lo antes posible, incluso sin esperar a los resultados de la analítica que determinará si la toxina que general la bacteria que la causa está presente en la sangre. De hecho, la primera medida del tratamiento es la administración de la antitoxina diftérica por vía intravenosa o intramuscular, con el fin de evitar que ésta pueda alcanzar al corazón y causar la muerte del paciente.

Posteriormente se iniciará un tratamiento con antibióticos, generalmente eritromicina y penicilina; y el paciente deberá mantener reposo en cama. También es importante monitorizar al paciente con la realización de sucesivos electrocardiogramas, con el fin de asegurarse de que el corazón no está siendo afectado por la toxina que produce la bacteria. En función de la sintomatología que presente cada persona también puede ser necesaria la administración de oxígeno, y mantener las vías respiratorias inferiores abiertas, incluso intubando al paciente si es pertinente.